jueves, 27 de diciembre de 2018

GESTOS QUE LA FUERON  ENAMORANDO
     La mayoría de las  comunidades indígenas del Estado Amazonas se encuentran a orillas de los ríos y en medio de la selva. Se cuentan mas de  25 grupos aborígenes , algunas con muy pocos sobrevivientes pero otras bastante numerosas y con muchas necesidades. Son los grupos venezolanos mas olvidados de los beneficios del estado, solamente tenidos en cuenta para eventos electorales o si se les necesita por publicidad, por el resto de tiempo son la población mas vulnerable y desasistida del país y del mundo.

     La única vía de comunicación son los ríos, y los medios de trasporte es todo lo que lo navegables, de allí la necesidad de la gasolina para el uso de los motores y facilitar la comunicación. Por medio de él se provee de lo básico en especial de alimentos para sus pobladores. En los ríos pasan muchas cosas y hay que estar prevenidos y dispuestos a lo que sea.
    Un 31 de enero, fiesta de San Juan Bosco, fue Sor María , como de costumbre, a la Comunidad de Santa Rosa del Orinoco donde tenían  actividades celebrativas en honor al Santo ese día. Esta vez salio con una muchacha interna Guahiba,  en vista que la comunidad Santa Rosa es de esta etnia. 
   Salio  de casa con el tiempo regular, antes de llegar a la comunidad les sobrevino una tremenda marejada que hizo que se les llenara el barco en el que de agua. Sor María no veía el peligro, la muchacha, experta conocedora del río,  le ordenaba que se levantara, y en lugar de ponerse el salvavidas que tenía en la mano, lo tiró al monte. La chica le dio  un empujón y la saco fuera, al momento el barco desapareció con el motor bajo el agua. Subieron a un montecito de la orilla y ahí se quedaron casi toda la mañana. A cada rato una oleada de agua se llevaba un pedazo de tierra y ellas daban  un paso atrás y así a cada momento. No pudieron avisar a la comunidad de Santa Rosa porque no pasaba ni alma viva, imposible navegar con ese río. Hacia las 12:30 pm,   ya cansadas, Sor María exclamó a Don Bosco: "¿Qué pasa? ¿Nos tienes que tener aquí todo el día? ¡Ya está bien, ayúdanos!."  ¡Increíble!, al ratito vio venir unos pescadores conocedores del río, los llamaron  para que las auxiliaran. Generosamente se lanzaron al agua y pudieron sacar el motor, tuvieron que pedir un barco más grande ya que el suyo era muy peligroso. Así pudieron  regresar a casa cansadas pero a salvo de la gran aventura, agradecidas a Dios y a Don Bosco que no abandonan a sus hijos y a esos señores que les ayudaron en el momento de gran emergencia. 


    Estas experiencias entre los pueblos indígenas le fueron dando una visión completa y hasta ahora desconocida del modo de vida de estos pueblos.  Los indígenas tienen fama de muchas cosas negativas. Sin embargo conociendo  su cultura, son más bien fieles, sencillos, acogedores. Sor María decía que en todos los años en medio de esta bella gente no ha encontrado nada que sea completamente negativo. Ella aprendió a quererlos y a valorarlos mucho. 
     Siempre contaba de un hecho en particular que la conmovió. Se trataba de la señora Josefa, una mujer que fue abandonada por el marido porque no podía tener hijos. Para su cultura esto es un castigo. La señora Josefa quería mucho a su marido, pero,  fiel a su cultura acepto la separación. Él se junto con otra  (que era hermana de la señora Josefa) la cual le dio seis hijos, casi uno cada año. Al nacer  Josefina,  la última, la mamá murió en el parto. El papá se quedó con todos los pequeños una era recién nacida. Hubo quien quiso adoptar a la pequeña,  para ayudar en la carga familiar, pero no él no aceptó. La señora Josefa (primera mujer y hermana de la difunta) se le presentó y se le puso a la orden, ella se se ofreció para hacerse cargo del cuidado de los niños y él. El hombre accedió y fue una familia ejemplar.  
     A pesar de todo fue más que mamá y esposa, fiel y generosa. ¡Qué gesto tan bello y lleno de amor! decía Sor Maria, ¿Esto pasa entre la gente que se llama civilizada?

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