domingo, 30 de diciembre de 2018


DEFENSORA DE LOS DERECHOS HUMANOS

A lo largo de estos años de estadía de Sor María Narisi por Venezuela, ha pasado por  diferentes comunidades en tierra de misión. Entre los años 1970 a 1980 estuvo en el Internado del Carmen en Ratón; De Isla Ratón  fue a la Esmeralda, otro municipio del Edo. Amazonas, hacia el alto del río Orinoco,  selva adentro, donde las Salesianas tenían una obra a favor de los indígenas que incluía el  internado, estuvo allí   desde 1980 hasta 1983.  Para 1983 regresa a Ratón hasta 1985.  En el año 1985, fue enviada a San Fernando de Atabapo hasta el 2006, año en que las hijas de María Auxiliadora, por falta de personal sierran su comunidad en Atabapo. 
De la estadía de Sor María en este Municipio del Estado Amazonas se cuenta innumerables anécdotas.
En San Fernando de Atabapo le costó mucho adaptarse, ya que hasta ahora en la casa donde había estado siempre  trabajó en los internados y todo lo que conlleva este tipo de obras Misioneras. Ahora debía trabajar en uno de los Municipios más activos por el número de habitantes, por el proceso de mestizaje violento que sufría, por lo que implica el paso activo entre frontera colombo-venezolana, Ya no había grupos étnicos  puros, casi todas las nuevas generaciones provenía de la unión de  indígenas y criollos (venezolanos o colombianos), o de los distintos grupos étnicos. Muy pocos conservaban su lengua, cultura o tradiciones. 
Esta nueva realidad no era  fácil para ella. Lo que hacía que se sintiera sola y fuera de lugar. El hecho que le diera el  trabajo más pesado, para ella fue su salvación. Le confiaron, nada más y nada menos que,  visitar y atender el trabajo Pastoral en las  comunidades Indígenas que estaban dentro de los límites de la parroquia de San Fernando de Atabapo. No le correspondería el casco de Atabapo, sino toda la periferia, comunidades algunas cerca otras muy distantes pero todas meritaban hacer uso de la voladora para poder llegar a ellas a través del río.   Debía estar casi toda la semana fuera, cada noche dormía en una comunidad distinta. 
Al principio tenía miedo. No solamente por lo novedoso y arriesgado de su labor, sino que debía suplir a Sor María Isabel Eguillor, Una excelente Misionera con estudios antropológicos,  ella, en cambio, no se sentía para nada preparada intelectualmente ya que solo poseía un "titulito"  traído de Italia de enfermera. Aunque estaba segura que Dios no se fija en eso.
         Empezó a detectar quienes podían ser líderes en la misma comunidad. Un día se encontró con la que fue religiosa, Margarita Zago, le contó su inquietud y le dijo que podía hablar con el Padre Toso, podía hacer una planificación para la formación de animadores de comunidad y catequistas. ¡Vio el  cielo abierto!. Al poco tiempo al darse la respuesta afirmativa empezó a invitar a varios jóvenes dispuestos a participar a los encuentros de formación que iban a empezar.
Así fue por varios años, el Padre Toso se trasladaba desde la Esmeralda, donde se encontraba,  hasta el caserío donde se iba reunir. Cada año en una comunidad distinta. Sor María califica estos primeros años de bellos, muy familiar y sencillos.
Cinco años después de haber iniciado este proceso de formación, empezaron a asistir, todos esos líderes,  a Puerto Ayacucho. Allí se dictaban talleres tres veces al año, coordinados por el Padre Félix Moretto (Pro vicario),  y Sor Esperanza García (FMA) hermana de congregación de las Hijas de María Auxiliadora.
Para ese entonces contaba con 35 catequistas entre todos los caseríos que  ella visitaba. Eran laicos comprometidos con sus comunidades, trabajan solos a tal punto que ya no hizo falta que se quedase por las noches como al principio. Al tener más tiempo libre, empezó a atender a los visitantes de las distintas comunidades que venían al pueblo de Atabapo, en busca de provisiones o por algún trámite legal en vista que Atabapo contaba con todos los servicios   administrativos propio de  una capital, como son las alcaldía. Se concentraba la actividad burocrática administrativa y  Registros. Esto hacía que fuera un pueblo muy concurrido por contar con servicios  hospitalarios, Registro Principal, Juzgado, Alcaldía, Comando de la Guardia Nacional, Polideportivos, casa de la Cultura, escuelas, Liceos, internados. Parroquia... y la mayoría de la gente que venía de las distintas comunidades sufría muchas penurias e injusticias por los agentes Gubernamentales.
Un día, un policía asesinó a una muchacha de quince años subiendo la escalera de la prefectura. Sor María fue testigo del hecho ya que en ese momento ella  se encontraba en la plaza. El policía estaba desesperado y la muchacha, era conocida de Sor María ya que pertenecía al grupo juvenil que llevaban las hermanas de la comunidad, Laura Vicuña. Citaron a Sor María en calidad de testigo ante la fiscalía. Ella, conversó sobre el tema con el Vicario Apostólico de Puerto Ayacucho, Monseñor Velasco, (1994 - 1996) y con el abogado de los derechos humanos del Vicariato. Le dieron un carnet como coordinadora de los derechos humanos en San Fernando de Atabapo,  al menos para pedir explicaciones. Poco a poco se  unieron otros miembros y formaron  un grupo de maestros y voluntarios. Desde Puerto Ayacucho venían periódicamente los abogados para prepararlos en la defensa de los Derechos Humanos, en todo lo concerniente a los procedimientos legales, proporcionando herramientas para argumentar la defensa. Ahora con la ley en mano estaban  dispuestos a dar la cara por la defensa de los indefensos.
     El acto de entrega de las credenciales fue en presencia de autoridades en la plaza Bolívar.

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