A lo largo de estos años de estadía de
Sor María Narisi por Venezuela, ha pasado por diferentes comunidades en
tierra de misión. Entre los años 1970 a 1980 estuvo en el Internado del Carmen
en Ratón; De Isla Ratón fue a la Esmeralda, otro municipio del Edo.
Amazonas, hacia el alto del río Orinoco, selva adentro, donde las Salesianas
tenían una obra a favor de los indígenas que incluía el internado, estuvo
allí desde 1980 hasta 1983. Para 1983 regresa a Ratón hasta
1985. En el año 1985, fue enviada a San Fernando de Atabapo hasta el
2006, año en que las hijas de María Auxiliadora, por falta de personal sierran
su comunidad en Atabapo.
De la estadía de Sor María en este
Municipio del Estado Amazonas se cuenta innumerables anécdotas.
En San Fernando de Atabapo le costó
mucho adaptarse, ya que hasta ahora en la casa donde había estado siempre
trabajó en los internados y todo lo que conlleva este tipo de obras Misioneras.
Ahora debía trabajar en uno de los Municipios más activos por el número de
habitantes, por el proceso de mestizaje violento que sufría, por lo que implica
el paso activo entre frontera colombo-venezolana, Ya no había grupos
étnicos puros, casi todas las nuevas generaciones provenía de la unión
de indígenas y criollos (venezolanos o colombianos), o de los distintos
grupos étnicos. Muy pocos conservaban su lengua, cultura o tradiciones.
Esta nueva realidad no era fácil
para ella. Lo que hacía que se sintiera sola y fuera de lugar. El hecho que le diera
el trabajo más pesado, para ella fue su salvación. Le confiaron, nada más
y nada menos que, visitar y atender el trabajo Pastoral en las
comunidades Indígenas que estaban dentro de los límites de la parroquia de San Fernando
de Atabapo. No le correspondería el casco de Atabapo, sino toda la periferia,
comunidades algunas cerca otras muy distantes pero todas meritaban hacer uso de
la voladora para poder llegar a ellas a través del río. Debía estar
casi toda la semana fuera, cada noche dormía en una comunidad distinta.
Al principio tenía miedo. No solamente
por lo novedoso y arriesgado de su labor, sino que debía suplir a Sor María
Isabel Eguillor, Una excelente Misionera con estudios antropológicos,
ella, en cambio, no se sentía para nada preparada intelectualmente ya que solo
poseía un "titulito" traído de Italia de enfermera. Aunque
estaba segura que Dios no se fija en eso.
Empezó a detectar
quienes podían ser líderes en la misma comunidad. Un día se encontró con la que
fue religiosa, Margarita Zago, le contó su inquietud y le dijo que podía hablar
con el Padre Toso, podía hacer una planificación para la formación de
animadores de comunidad y catequistas. ¡Vio el cielo abierto!. Al
poco tiempo al darse la respuesta afirmativa empezó a invitar a varios jóvenes
dispuestos a participar a los encuentros de formación que iban a empezar.
Así fue por varios años, el Padre Toso se trasladaba desde la Esmeralda,
donde se encontraba, hasta el caserío donde se iba reunir. Cada año
en una comunidad distinta. Sor María califica estos primeros años de bellos,
muy familiar y sencillos.
Cinco años después de haber iniciado
este proceso de formación, empezaron a asistir, todos esos líderes, a Puerto Ayacucho. Allí se dictaban talleres
tres veces al año, coordinados por el Padre Félix Moretto (Pro vicario), y
Sor Esperanza García (FMA) hermana de congregación de las Hijas de María
Auxiliadora.
Para ese entonces contaba con 35
catequistas entre todos los caseríos que ella visitaba. Eran laicos
comprometidos con sus comunidades, trabajan solos a tal punto que ya no hizo
falta que se quedase por las noches como al principio. Al tener más tiempo
libre, empezó a atender a los visitantes de las distintas comunidades que
venían al pueblo de Atabapo, en busca de provisiones o por algún trámite legal
en vista que Atabapo contaba con todos los servicios administrativos propio de una capital, como son las alcaldía. Se
concentraba la actividad burocrática administrativa y Registros. Esto hacía que fuera un pueblo muy
concurrido por contar con servicios hospitalarios, Registro Principal,
Juzgado, Alcaldía, Comando de la Guardia Nacional, Polideportivos, casa de la
Cultura, escuelas, Liceos, internados. Parroquia... y la mayoría de la gente
que venía de las distintas comunidades sufría muchas penurias e injusticias por
los agentes Gubernamentales.
Un día, un policía asesinó a una
muchacha de quince años subiendo la escalera de la prefectura. Sor María fue
testigo del hecho ya que en ese momento ella se encontraba en la plaza. El policía estaba
desesperado y la muchacha, era conocida de Sor María ya que pertenecía al grupo
juvenil que llevaban las hermanas de la comunidad, Laura Vicuña. Citaron a Sor
María en calidad de testigo ante la fiscalía. Ella, conversó sobre el tema con
el Vicario Apostólico de Puerto Ayacucho, Monseñor Velasco, (1994 - 1996) y con
el abogado de los derechos humanos del Vicariato. Le dieron un carnet como
coordinadora de los derechos humanos en San Fernando de Atabapo, al menos
para pedir explicaciones. Poco a poco se unieron otros miembros y
formaron un grupo de maestros y voluntarios. Desde Puerto Ayacucho
venían periódicamente los abogados para prepararlos en la defensa de los
Derechos Humanos, en todo lo concerniente a los procedimientos legales, proporcionando
herramientas para argumentar la defensa. Ahora con la ley en mano
estaban dispuestos a dar la cara por la defensa de los indefensos.
El acto de entrega de las credenciales fue
en presencia de autoridades en la plaza Bolívar.
Y SOR PIEDRITA EN EL ZAPATO, DE LA GUARDIA NACIONAL Y POLICÍA, TENIA CREDENCIAL
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