LAS COMUNIDADES INDÍGENAS
DE CERCA
Luego de un año en la comunidad de San Fernando de Atabapo,
decidí acompañar a Sor Maria Narisi a las comunidades indígenas que les
correspondía atender pastoralmente y que ella todos los fines de semana
visitaba. Mi función era acompañarla, animar a la comunidad con cantos y
dinámicas, atender la catequesis entre los niños, jóvenes y adultos y colaborar
en la formación de los catequistas y maestros. Claro esto, en tan poco tiempo, era
imposible, por ello la mayor de las veces solamente acompañaba.
A cada comunidad que visitábamos en nuestros recorridos,
unas veces al sur otras al norte, encontrábamos problemas de todo tipo y todos
los habitantes sean creyentes o no, venezolanos o extranjero, acudían a Sor María a contarle y a
solicitarles ayuda, ella a cada uno oía y atendía. Con algunos asumía compromisos de defensa de
sus derechos. Se ponía a su lado y les sugería
qué hacer, lo que más me llamaba
la atención era que a todos escuchaba y daba respuesta. Lo hacía con un cariño
y una cercanía antes nunca visto por mí. Cuando llegábamos a Atabapo, cansadas de un recorrido lleno de
incomodidades por el río, con fuerte sol, o lluvia, o marejada, sin la comodidad de la
propia habitación y de una comida sana, ya que llevábamos enlatados para comer,
lo más fácil de manipular en esos casos. Los indígenas no tienen para ofrecer
al visitante alimento, cuando el río les provee pescado alcanza para darle de
comer a su gente, imaginarse ir a ser una boca más para ellos. Esto, ella lo
sabía, por ello no representó nunca un peso, se podría decir que daba sin
esperar nada a cambio. Es cierto que ellos cuando tenían le ofrecían, ella les
aceptaba y en oportunidades les compraba, por ejemplo casabe o mañoco. Lo que
siempre nos podían ofrecer y nosotras aceptábamos gustosas era una buena
Yucuta, bebida típica con agua y mañoco que calmaba la sed y refrescaba del
calor.
En varias oportunidades, sabiendo lo duro que había sido el
viaje, y sacando por mi misma y por lo cansada que yo estaba sabía que debía
estarlo; viendo como la rodeaban apenas pisaba puerto en Atabapo, como la
seguían como hormigas hasta la casa, viéndola atendiéndolos hasta anochecer sin
haberse cambiado del viaje, sin siquiera haber ido al baño… Yo le decía: ¡Sor! No vale la pena. Diles que
no puedes ayudarles, que estas cansada, que vengan otro día. Esta gente no te
lo va a agradecer, mira los de las comunidades, vienen a Atabapo y ¿qué hacen? Se gastan lo que tienen en
alcohol, se emborrachan y botan lo poco que ganan y no ayudan a sus familiares
que los esperan en casa, especialmente los pequeños.
Siempre, para cada premisa mía ella tenía una respuesta.
Para esto estoy aquí, para servirles, si puedo ayudarles u orientarlos porque
no hacerlo, como van a venir otro día tú sabes lo que este pobre hombre ha
tenido que hacer para llegar hasta aquí, con lo lejos que vive y lo pobre que
es, me respondía que ella lo hacía para
que se lo agradecieran sino porque
era su misión. Esta pobre gente no tiene
culpa, es su ambiente, así lo hacen y así lo seguirán haciendo, Dios, si reconoce y ve todo, y poco a poco cada uno va haciendo delante de
él lo que cree, estamos seguros de que Dios les ama igual y estamos aquí para
darlo a conocer.
Verdaderamente compartir estos días con Sor María Narisi fue
una escuela de experiencia Cristiana concreta
Algunos fines de semana visitábamos las comunidades del
Orinoco arriba o subiendo hasta llegar a San Pedro; otras veces Orinoco bajando
hasta llegar a Macuruco y Guarinuma. En cada comunidad que visitábamos había un
representante de esta o líder que acudía a recibirla, Alguno de ellos eran
maestros, o catequistas, otros los comisarios o algún ex alumno, lo cierto es
que por doquiera íbamos y visitábamos la conocían. Era famosa entre los niños, a
los que siempre les llevaba un caramelito.
Las mujeres de las comunidades eran atendidas de manera muy
especial por Sor María Narisis, les llevaba telas, hilos , agujas…salíamos de
cada comunidad con encargos y peticiones y a todas las satisfacía. Llegamos con
los encargos de las visitas anteriores y respuestas a sus peticiones, no se le
olvidaba nada aunque tardara por pasar a esa comunidad más de tres meses según
las condiciones del río o circunstancias de la cotidianidad no sé cómo se recordaba
de todo lo que le pedían…
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