LA JUSTICIA ES LO PRIMERO.
En una oportunidad vino un señor de su comunidad lejana a vender plátanos
al puerto; se acerca un policía lentamente y agarra un racimo grande y se lo
lleva sin siquiera preguntar el precio. En ese momento se encontraba Sor
María y vio lo que acontecía. Ella se le
acercó al señor y le pregunto si se lo había
regado. Él le respondió: “¡no, se lo llevó así no más!, y yo necesito ese
dinero ya que tengo que comprar leche, azúcar para mis niños. Además tengo que
comprar la gasolina para regresar”.
Sor María llamó a algunos defensores de los derechos humanos
e informó lo ocurrido, solicitándoles su intervención. La idea era no ir
directamente ella a reclamar, sino otro miembro del comité de derechos humanos.
El policía, ante ese reclamo se enfurece y levanta las manos amenazándolo con meterlos presos si sigue insistiendo. Este fue y avisó a Sor María y ella fue a
ver qué pasaba. Ella hizo sentir el reclamo obligando al funcionario a pagar lo que corresponde por el producto que
tomó, y le advirtió que si no querían tener problemas respetaran las
propiedades de los indígenas y su derecho a comerciar con el fruto de su
trabajo. Les recordó que ellos tienen un sueldo que se lo ganan sin hacer nada,
mientras el indígena trabaja duro y necesita eso para vivir, él y la familia.
Le añadió que si eso que él hizo de “tomar” algo que no le pertenece y llevárselo
lo hubiera hecho un civil la policía lo mete preso por robar. Llamó al dueño de
los plátanos para que cobrara lo que correspondía. Y como el policía no tenía dinero
le devolvió el racimo de plátano. El policía la miró de forma amenazante acostumbrada a eso no le importó,
para ella la justicia es lo primero.
, pero como
estaba
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