sábado, 5 de enero de 2019


POR EL DERECHO ANCESTRAL A LA TIERRA

     La tierra para los indígenas es más que un espacio ancestral que les pertenece, Es su conexión con la vida, con sus creencias, con su cultura y sus raíces. Muchas de estas tierras son vistas por el hombre de hoy como terreno de nadie al cual deben y se sienten con  derecho de invadir, tomar a costa de lo que sea para urbanizar, instaurando un sistema de vida completamente acorde a la modernización de las ciudades y dejando de lado su conservación, rompiendo con su equilibrio natural originario.
     Para Sor María, el tema de la tierra y el derecho que sobre ella tenían los indígenas  como parte vital de su propiedad  era preocupante. Ella agradecía a Dios por darle la posibilidad de poder echarles una mano a los que lo necesitan. En relación al tema "tenencia de la tierra", siempre fue motivo de injusticias y abusos por parte de los poderes del Estado Venezolano y sus representantes, quienes, paradójicamente,  eras los encargados de velar por la defensa de los más desposeídos entre pueblos, en este caso eran los primeros que se aprovechaban y cometían todo tipo de desmanes en contra de los originarios de etas tierras. Cada vez que Sor Maria lograba hacer algo en favor de la defensa de los indígenas,  se sentía realizada, cumpliendo la misión que Dios le había encomendado y que ella había aceptado. Esta vez, en torno a la tierra, era sorprendente las muchas comunidades que necesitan de su mano.
Todos los caseríos que se encontraban ubicados en la zona central de Atabapo, alrededor de la carretera se habían  quedado sin tierras,  y ésta era la vida para ellos. 
    Para ese entonces apareció una organización “fantasma” llamada AZODEFRA e hizo creer a todos que tenía legalidad sobre las tierras y empezó a repartir las parcelas a la gente.
     Cuando los Misioneros se enteraron de lo que estaba ocurriendo se abocaron  a hablar con los capitanes de esas comunidades afectadas entre ellas la etnia de los Curripaco, los cuales no tenían conocimiento de lo que estaba ocurriendo. Empezaron la investigación con la ayuda del abogado de Derechos Humanos del Vicariato y del encargado de catastro pertenecientes a la alcaldía. El caso llegó hasta Caracas y se descubrió que esa organización no estaba registrada en ninguna parte, por lo tanto era ilegal.
     Es así como, Sor María, junto con los capitanes y la gente que habitaba la zona  empezó a cercar el terreno y a sembrar. El jefe de dicha organización tuvo que ceder y aceptar su ilegalidad. A partir de ese momento, ese señor se hizo enemigo número uno de Sor María. La odiaba, y le colocó de sobre nombre “la  mano peluda”, pero eso no le importaba, era   feliz solo con saber que podía ayudar a sus  hermanos indígenas a que recuperaron sus tierras, 
que es su vida.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario